Los intereses, el valor del dinero y el Covid-19

OPINIÓN

Eddie Tapiero

Economista

La pandemia del Covid-19 está causando problemas económicos a nivel mundial.  Las medidas de mitigación, que son necesarias para evitar el colapso del sistema de salud y el sistema productivo nacional, tienen un impacto directo en la capacidad productiva: No hay producción, no hay ventas y consecuentemente, no hay generación de salarios.  Esto nos fuerza a reevaluar el concepto del valor relativo del dinero.

Nuestro sistema mental trabaja basado en lo aprendido: el dinero tiene un valor relativo y el ciclo económico siempre estará trabajando. Pero hoy, esto no es así.

Por lo general, un dólar hoy es más valioso que un dólar mañana, y un dólar en tiempo de escasez tiene otro valor relativo a su valor en tiempo de abundancia. Para ecualizar estas diferencias se utilizan las tasas de interés.   

La tasa de interés es el mecanismo por el cual las personas le pueden poner un valor hoy, a un dólar mañana.  La misma representa mi pago por posponer mi consumo. Esto es, si yo invierto un dólar hoy, mañana ese dólar me debe dar 10% y su valor mañana es US$1.10.  Esta es la forma en que la moneda de curso se ha evaluado desde que aparecen las primeras transacciones financieras. Pero esto cambia con el Covid-19.

Con el Covid-19, todo el sistema productivo está parado (con excepciones) y esto crea un problema no de solvencia, que es la capacidad de cumplir con mis compromisos financieros, sino de liquidez.  La solvencia nos dice: si tengo un martillo y clavos, puedo generar capital para cumplir mis compromisos.  Pero la liquidez nos dice que debo tener la plata hoy para poder pagar mis clavos y asegurar el trabajo.  Sin embargo, lo que ha pasado con el Covid-19 nunca antes se ha visto en la historia comercial del mundo moderno.  Tengo el martillo, y existe la demanda para mis servicios, pero dicha demanda se ve obstaculizada por un evento de fuerza mayor que es la pandemia y las medidas de contención que se han implementado.  El resultado es que no tengo el flujo de caja para pagar por los clavos ni el transporte hacia el trabajo, pero si tengo otros compromisos que cumplir.  Para esta situación no hay receta en los libros tradicionales de economía ni en los de finanzas.

En un mundo ideal, el dólar siempre tiene un valor consensuado y respaldado por el sistema productivo.  Pero en un sistema en que se limita la capacidad productiva, el valor del dólar cambia y puede llegar hasta cero si los consumidores prefieren intercambiar por trueque en vez de utilizar el dólar.  No te puedes comer un dólar, pero si cambiar una naranja por un celular.  A eso se llama el costo de oportunidad.

En esta crisis, es importante tener presente el impacto que tiene el pago de intereses en un tiempo en que la capacidad productiva está limitada.  Cero entradas no suman a una salida.  Lo importante aquí es que la crisis es temporal, y por eso veamos la forma de resolver este problema sin impactar negativamente a las empresas ni a las personas y sin repetir los errores de crisis pasadas, en las que confiábamos únicamente en el sistema financiero o en instituciones del gobierno.

En este entorno, nuestro enfoque debe ser solidario, con tal de pagar un precio ahora por evitar una ruina general mañana. El cobro de intereses ahora empeoraría la situación tanto del prestatario como del prestamista, de modo que lo sensato es postergar el pago de capital e intereses hacia el futuro.  Similarmente ocurre con los alquileres.  Sería inútil tratar de cobrar hoy cuando los negocios están cerrados.  Sin embargo, se puede hacer un arreglo para recuperarse en el futuro.

En la crisis hipotecaria de 2008, en Estados Unidos se les dio dinero a los bancos para fortalecer el sistema financiero y la Reserva Federal bajó sus tasas de interés a negativas.  Sin embargo, el dinero no fue prestado, y no porque los bancos fueran malos, sino por la naturaleza bancaria con respecto al riesgo – es difícil prestar cuando uno observa a los negocios quebrando.  Además se crearon organizaciones para gestionar los pagos, las cuales no prestaron por las mismas razones que los bancos.  El error fue no reconocer que el mercado deja de comportarse normalmente en tiempos anómalos. La solución inicia por ser pragmático, visionario y utilizar el sentido común.

Hoy por hoy, las medidas de rescate en anunciadas en países desarrollados como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido, amplían su paquete de apoyo no solo fortaleciendo el sistema financiero y creando organizaciones especializadas de apoyo, sino también proveyendo directamente a los consumidores con salarios universales, postergando pagos y modificando los intereses del mes.  Estados Unidos le va a dar US$1,200 a los individuos y US$3,400 a familias de cuatro por igual. Además le está ofreciendo programas de respaldo a los préstamos bancarios y al pago de cuentas por pagar, incluyendo programas para el pago posterior de intereses de deuda, como las tarjetas de crédito.  En total es un paquete de ayuda de US$2 billones (US$2 trillion en inglés), que equivale a cerca del 10% de la economía. Eso  es ser solidario, pragmático y tener sentido común.

El Covid-19 nos impulsa a pensar fuera de la caja y buscar soluciones integrales.  Pero más importante, a usar las lecciones aprendidas de otras crisis y no repetirlas.

Nuestro sistema bancario está fuerte y a diferencia de otros en América Latina, está muy bien capitalizado.  No hay problemas con los depósitos.  De esta forma, es beneficioso para todos el tratar de apoyar las medidas propuestas por el gobierno nacional, pero buscando más participación solidaria.  Es como la historia del Rey Salomón, que tuvo que decidir a cuál madre le debía a dar el hijo y solo cuando la madre original, que representa al pueblo, le dice que prefiere sacrificarse por mantener a su hijo vivo, es cuando Salomón descubre quién es la verdadera madre.  Aquí todos vamos a sacrificar algo para mantener el todo.

Es prioritario que se acelere la participación público-privada como herramienta social, utilizando al sector bancario como red de asistencia.  Por un lado, los bancos deben ser responsables y actuar en su capacidad innovadora para ayudar a la sociedad, pero ambos trabajando solidarios, como ya lo están haciendo algunos.  Durante los próximos meses, todos tendremos que anteponer la salvaguarda del sistema al lucro para que podamos superar la crisis.  El gobierno, mediante el Banco Nacional y la Superintendencia de Bancos, puede actuar como un ente coordinador, trabajando estrechamente con la sociedad civil.  Es un tema delicado y requiere de un pensamiento profundo en el que suspendamos temporal pero decisivamente nuestra actuación tradicional.

No hay un libro de soluciones.  Todos tenemos que repensarlas porque solo así podremos salir adelante.

Sobre el autor: Eddie Tapiero es un profesor panameño, economista y autor del libro: La Ruta de la seda y Panamá. El profesor, realiza investigaciones en varios temas de comercio y logística internacional y su aspecto social, y apoya a la docencia superior colaborando con Universidades y Centros de Investigación.

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