Un péndulo, la relación entre EU y Latinoamérica

Por Uriel Naum Ávila

América Latina y el Caribe exportan a Estados Unidos alrededor de 900,000 millones de dólares (mdd) anualmente e importan de ese país en productos una cifra similar, pero existe una preocupación latente en la región por el distanciamiento o la confrontación que el gobierno de Donald Trump mantiene con algunos países latinoamericanos.

De México, Guatemala, Honduras y El Salvador hay un reclamo constante de Trump por considerar que poco hacen estos países por detener la migración hacia EU, situación que ha servido como pretexto para amagar con aumentarles los aranceles a los productos que exportan hacia ese país hasta en 35% y poner gravámenes hacia a las remesas y transferencias.

Esto a pesar de que recientemente autoridades de Centroamérica y EU descartaron que el gobierno de Trump pretendiera alterar las reglas del tratado comercial que se tiene entre esta región y el país que gobierna Trump.

Como sea, las amenazas del presidente de EU tuvieron eco en el gobierno de Guatemala y lo llevaron a firmar un acuerdo que prácticamente lo convierte en un tercer país seguro, situación que lo obliga a acoger a los solicitantes de asilo de otros países, en particular en este caso de Honduras y El Salvador, con lo que esto impliqué en cuanto a movilización de recursos físicos, monetarios y tecnológicos para hacer esto posible.

En el Caribe, la deuda de Puerto Rico ha sido un tema de tensión con el gobierno de EU (que se agravó con la reciente renuncia del gobernador Ricardo Rosselló ante las manifestaciones de rechazo en su contra), y República Dominicana tampoco se ha salvado de reclamos de Donald Trump por el tema migratorio. Un poco más hacia el centro de Latinoamérica está Nicaragua, con quien el presidente estadounidense no comparte la manera en que el gobierno de Daniel Ortega ha gestionado las manifestaciones sociales de los últimos meses ni tampoco la cercanía de este gobierno con China y Venezuela.

Panamá es un espacio de tránsito muy importante para el comercio de EU; sin embargo, más allá de que Trump ha manifestado que nunca se debió dar el control del Canal a Panamá, hay un tema latente que es el tratado comercial que este país teje con China, con quien EU hoy libra una batalla comercial de alcance global.

Más hacia el Sur están Venezuela y Bolivia; poco que decir de las confrontaciones constantes y sistemáticas con estos países por parte de EU desde que gobernaba Hugo Chávez y que se extienden hasta nuestros días con Nicolás Maduro y en menor intensidad con Evo Morales en el caso de Bolivia.

Brasil, Colombia y Argentina son por ahora aliados de Trump. Sus gobiernos no solo comparten principios ideológicos, sobre todo en el caso de Brasil de Jair Bolsonaro, sino adversarios similares, como Venezuela y, aunque de forma más mesurada, China (pese a que ese país mantiene un intercambio comercial con el país asiático cercano a los 98,900 millones de dólares anuales).

Curiosamente, hasta hace algunos unos años tanto el gobierno de Brasil (el de Lula) como el de Argentina (el de los Kirchner) mantenían una relación poco sólida con EU. Lula, por ejemplo, llegó a denunciar que la élite de su país recibía órdenes de la estadounidense.

Como en las últimas décadas, la relación de América Latina con EU ha sido similar a la de un péndulo que no termina de definir una dirección única, compartida, ni en el ámbito económico ni político. Lo nuevo, es que hay un actor que se podría meter al patio latinoamericano a patear el péndulo para agitarlo en más de una dirección con todo lo que ello pueda implicar. Su nombre: China.

*El autor es Coordinador de Forbes Latinoamérica

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