OPINION
Octavio Vallarino
Los beneficios de Groenlandia para EE. UU. serían:
- Control total de la defensa en el Ártico. El más importante.
- Bloquea la expansión rusa/china.
- Fin de la dependencia de China para las tierras raras.
- Riqueza a largo plazo proveniente del petróleo y los minerales.
La postura estratégica de Estados Unidos respecto a Groenlandia más allá de debates sobre soberanía
formal, Washington considera a Groenlandia un activo indispensable para su defensa nacional y para el control del espacio Atlántico–Ártico. La lógica subyacente replica precedentes históricos como la doctrina de seguridad aplicada al Canal de Panamá, lo que ofrece lecciones relevantes para América Latina.
Su localización bajo las trayectorias polares de misiles balísticos intercontinentales y en el eje de tránsito entre el Ártico y el Atlántico Norte la convierte en un nodo central de alerta temprana, vigilancia espacial y control marítimo. En este sentido, Groenlandia es concebida no como un espacio extranjero convencional, sino como infraestructura avanzada de seguridad nacional.
Estados Unidos exige la garantía de acceso continuo y sin restricciones políticas a territorio groenlandés para fines militares. Este acceso no se limita a instalaciones existentes, sino que incluye la posibilidad de adaptar y modernizar capacidades. La lógica estratégica estadounidense busca preservar la capacidad de ampliar su presencia —en personal, sensores, plataformas aéreas o marítimas— sin depender de renegociaciones prolongadas con actores locales o aliados. El elemento más sensible es la exclusión total de China y Rusia de cualquier presencia estratégica
Estados Unidos no persigue la anexión ni la soberanía formal sobre Groenlandia. Sin embargo, tampoco acepta arreglos que limiten su capacidad de garantizar los resultados de seguridad que considera vitales. En la práctica, esto implica una disposición a ejercer presión diplomática, económica o estratégica para modificar marcos daneses, groenlandeses o incluso de la OTAN si estos resultan insuficientes.
Esta lógica no es nueva. La doctrina estadounidense aplicada históricamente al Canal de Panamá ofrece un paralelo directo. Aunque Panamá ejerce soberanía plena sobre el Canal, Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir para garantizar su neutralidad y funcionamiento. El principio rector es idéntico: cuando una infraestructura o territorio es crítico para la seguridad estadounidense, el control de los resultados prevalece sobre consideraciones formales de soberanía. Groenlandia se inserta claramente en esta tradición estratégica.
El interés de Estados Unidos en los minerales raros de Groenlandia es estratégico, no comercial. Washington busca reducir su dependencia de cadenas de suministro dominadas por China para tierras raras, uranio y grafito esenciales para defensa, energía y tecnología avanzada. Sin embargo, la prioridad principal es seguridad nacional y control del eje Ártico–Atlántico. Incluso sin minerales, el interés estadounidense en Groenlandia seguiría siendo alto por razones de defensa.
En conclusión, la política estadounidense hacia Groenlandia puede resumirse con claridad: no se trata de territorio, sino de control estratégico. Estados Unidos aceptará soberanías formales diversas, pero no comprometerá su defensa nacional ni su dominio del eje Atlántico–Ártico. Acceso permanente, capacidad de expansión y negación de rivales constituyen líneas rojas. Cualquier marco institucional que no las garantice será revisado bajo presión. En este sentido, Groenlandia no es una excepción, sino un caso ejemplar de la lógica de poder que seguirá moldeando el orden geopolítico en las próximas décadas.
EL autor Octavio Vallarino, Arias, Ingeniero, mecánico, graduado de Texas A&M University. Ingeniero consultor por 10 años en la industria de aire acondicionado y luego Dedicado a proyectos inmobiliarios desde 1980 con el inicio de su primer proyecto, Edificio Vallarino en el Área Bancaria. Socio de Desarrollo Bahia desde 1984, una de las principales empresas promotora de proyectos de bienes raíces en Panamá de condominios de lujo, edificios de oficinas y hoteles.
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