Octavio Vallarino Arias

Estoy sentado en una terraza en El Valle de Antón en el Hotel La Compañía El Valle. Revuelvo la mirada y siento felicidad del aire es fresco, olor a montaña, el verdor es majestuoso y a lo lejos las nubes se ven en el firmamento del antiguo volcán como si alguien hubiera decidido mover el cielo un poco más cerca de la tierra.
Y entonces me llega el pensamiento que alguien tuvo que imaginar primero que hay lugares así en mi país que merecen ser enseñados al mundo. Hay otra fuerza silenciosa que también ha moldeado nuestra reputación internacional: la de los extranjeros que miraron al país con ojos frescos, detectaron oportunidades extraordinarias y decidieron apostar aquí su capital, su talento y su vida.
Hoy quiero recordar a dos de ellos. Dos hombres que, desde lugares distintos y en momentos diferentes, contribuyeron de manera decisiva a colocar a Panamá en el mapa mundial del retiro internacional y del turismo de alto perfil: Sam Taliaferro y Chris Lenz.
La revolución de Boquete inicio cuando Sam Taliaferro llegó a Boquete, encontró un poblado encantador, rodeado de montañas, cafetales y un clima privilegiado. Era hermoso, sí, pero todavía era un secreto bien guardado. Pocos fuera de la región sabían ubicarlo en el mapa.
Sam vio algo más grande. Entendió que ese entorno podía convertirse en el lugar ideal para una nueva forma de retiro: activa, social, rodeada de naturaleza, con servicios de calidad. Así nació Valle Escondido, un proyecto que combinó residencias, hotelería y espacios de encuentro para jubilados extranjeros.
Lo que siguió fue un efecto dominó. Llegaron nuevos residentes, se abrieron restaurantes, se despertó el desarrollo inmobiliario y Boquete comenzó a sonar cada vez más en publicaciones internacionales especializadas en retiro. Panamá empezó a aparecer como uno de los mejores países del mundo para jubilarse.
El cambio fue profundo. La economía local se dinamizó, se generaron empleos y el pequeño pueblo agrícola dio paso a una comunidad cosmopolita que hoy es de referencia en América Latina.
Sam comprendió antes que muchos que el retiro moderno no significa aislarse, sino vivir mejor. Y esa intuición ayudó a transformar no solo a Boquete, sino la imagen de Panamá ante miles de personas que buscaban un nuevo hogar. Y como me dijo Sam en una ocasión, no todos los retirados buscan montaña si no también las áreas de playas y la ciudad capital
Años más tarde, otro visitante llegaría por mar y tendría una revelación similar.
Chris Lenz, empresario canadiense, navegaba el mundo con su familia cuando anclo en la Bahía de Panamá. Al caminar por el Casco Antiguo descubrió una joya arquitectónica con un potencial inmenso donde vio la posibilidad de crear un hotel capaz de competir con los mejores del planeta. El resultado fue La Compañía, un proyecto que rescató estructuras históricas y las convirtió en una experiencia hotelera sofisticada, profundamente ligada a la narrativa cultural panameña. Hospedarse allí no es solo dormir en lujo; es recorrer siglos de historia a través de sus espacios. Ese hotel elevó la vara. Atrajo a un visitante distinto: el viajero cultural, el amante del patrimonio, el turista que busca autenticidad con excelencia.
Pero la visión de Chris fue más allá de la capital. En El Valle de Antón encontró otro tesoro: naturaleza exuberante, clima fresco, paisajes únicos dentro del cráter de un volcán. Allí emprendió la compra y la transformación del tradicional Hotel Los Mandarinos en el resort La Compañía El Valle que hoy compite en estándares con propiedades de fama internacional. Que satisfacción la mía de ver turistas de una variedad de países hospedados en el hotel y observar a 150 jóvenes locales atendiendo a los turistas hablándoles en Ingles. El impacto vuelve a repetirse: empleo, proveedores locales, mayor fama internacional y una nueva categoría de turismo para la zona.
Sam y Chris son héroes sin uniforme. Hicieron algo poderoso: creyeron en Panamá cuando todavía muchos dudaban de su potencial. Invirtieron, arriesgaron, construyeron. Y al hacerlo, ayudaron a miles de panameños a prosperar.
Gracias a apuestas como las suyas, el país pasó de ser una escala desconocida a convertirse en un destino maravilloso de turismo o lugar de retiro. Demostraron que nuestras montañas, nuestra historia y nuestra biodiversidad pueden ser motores económicos de talla mundial.
Sam y Chris vieron una frase famosa del emprendimiento que resume el espíritu de los pioneros: “build it and they will come”. Construye, y vendrán. No esperaron ver filas de compradores o de turistas para empezar. No esperaron garantías sobre su inversión ni garantías de demanda. No fue “cuando lleguen, invierto”. Fue “invierto… y llegarán”.
A veces los héroes no nacen aquí. Pero eligen a Panamá como su hogar donde invertir sus sueños y sus visiones. Y en esa elección, nos ayudan a descubrir lo que somos capaces de ser.
Mientras cae la tarde en El Valle, tengo este sentimiento de gratitud. Gratitud por quienes apostaron. Gratitud por quienes creyeron. Gratitud por quienes nos ayudaron a descubrir que éramos capaces de mucho más de lo que pensábamos.
Ellos vieron el Panamá algo que nosotros aún no mirábamos Y gracias a esa mirada, el país cambió para siempre.
El autor es promotor de proyectos. Además Octavio Vallarino Arias es Ingeniero, mecánico, graduado de Texas A&M University. Ingeniero consultor por 10 años en la industria de aire acondicionado y luego Dedicado a proyectos inmobiliarios desde 1980 con el inicio de su primer proyecto, Edificio Vallarino en el Área Bancaria. Socio de Desarrollo Bahia desde 1984, una de las principales empresas promotora de proyectos de bienes raíces en Panamá de condominios de lujo, edificios de oficinas y hoteles.
www.desarrollobahia.com
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