Alma Solís
asolis@noticiasdepanama.com
En 2013, mientras dirigía la ampliación del Canal de Panamá, Ilya Espino de Marotta compró un casco rosado. Quería responder a quienes dudaban que una mujer pudiera liderar una obra de esa magnitud. El mensaje estaba pensado para el equipo que trabajaba en el proyecto, pero terminó trascendiendo las fronteras del país.
“Era un tema interno donde yo mandaba un mensaje diciendo: ‘Oye, yo sé que hay unas personas que dudan que porque soy mujer puedo liderar esta obra’. Era como para mandar un mensaje interno, pero eso mandó un mensaje al mundo”, recordó Espino de Marotta, quien este 7 de septiembre se convirtió en la primera mujer en administrar el Canal de Panamá.
La ampliación del Canal consistió en la construcción del tercer juego de esclusas para permitir el tránsito de buques neopanamax y aumentar la capacidad de la vía. Costó US$5,250 millones y su construcción se extendió durante casi nueve años, desde 2007 hasta su inauguración el 26 de junio de 2016.
La ingeniera había desarrollado buena parte de sus 41 años de carrera en espacios ocupados tradicionalmente por hombres y, durante mucho tiempo, fue la única mujer en algunas áreas. Sin embargo, aseguró que hasta entonces no había sentido que su género representara una diferencia dentro de la institución.
“La primera vez en mis 41 años que yo sentí que el ser mujer era un diferenciador fue en 2013, cuando me compré el casco rosado. Antes de eso yo no había percibido una diferencia entre ser mujer y hombre, porque uno es un profesional”, relató.
La percepción cambió cuando comenzó a ocupar posiciones de mayor responsabilidad. “Ya cuando uno va asumiendo cargos de liderazgo es donde eso como que se empieza a sentir”, explicó.
El casco rosado acompañó a Espino de Marotta durante una ampliación que exigió trabajar con contratistas internacionales, coordinar componentes fabricados en Italia y Corea, afrontar paralizaciones, negociar diferencias contractuales y participar en arbitrajes.
La ejecución del proyecto también le abrió espacios internacionales. Fue invitada por la Real Academia de Ingeniería de Londres, participó en un panel junto al diseñador del Burj Khalifa de Dubái, fue incluida en un libro sobre ingenieras latinoamericanas y se convirtió en jurado del Premio Reina Isabel de Ingeniería.
“Cuando uno ve que de afuera te están llamando para que tú vayas a representar a la mujer en un ámbito tradicional de hombres o en un nivel alto ejecutivo, te das cuenta cómo ha trascendido”, afirmó. “Lo que disparó eso fue ese casco rosado”.
El símbolo también alcanzó a una generación que apenas comenzaba a decidir su futuro profesional. Una estudiante que realizó una práctica en el Canal le contó que había escogido la ingeniería después de verla en televisión cuando tenía 14 años.
“Dijo: ‘Yo quiero ser ingeniera como ella’, y la chica ahora practica con nosotros. Eso me llena mucho. Pienso que no hay mayor impacto que poder inspirar a las personas”, expresó.
Más de una década después, Espino de Marotta llega a la administración de la misma institución en la que utilizó aquel casco para responder a las dudas sobre su liderazgo.
“Significa que las mujeres podemos liderar, que las mujeres podemos hacer lo que nos propongamos”, resumió.






Discussion about this post