Alma Solís
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Panamá ha diversificado su generación eléctrica y tiene la posibilidad de convertirse en un punto de intercambio de energía entre Suramérica y Centroamérica. También cuenta con los lagos que sostienen al Canal y abastecen de agua a buena parte de la población. La pregunta que recorrió los dos días del Simposio Industrial de Sostenibilidad, Energía y Agua fue si esa infraestructura podrá responder al crecimiento del país y a los próximos periodos secos.
En el evento organizado por el Sindicato de Industriales de Panamá pasaron por el escenario los protagonistas de las decisiones sobre agua y energía, junto a especialistas y representantes de la industria que aportaron datos y experiencias para debatir las oportunidades y los retos del país. Del otro lado, un auditorio lleno seguía atento, cifra por cifra, una conversación sobre los recursos que sostienen la vida y la producción en Panamá.

Electricidad infraestructura
En electricidad, el avance de los últimos años es claro: el gas natural se incorporó a una matriz que dependía en gran medida de la generación hídrica. Eso le ha dado a Panamá más opciones cuando falta lluvia. Pero la energía debe poder viajar hasta las industrias y comunidades que la necesitan. Allí aparece la cuarta línea de transmisión, una obra que, según José Ramón Gómez, especialista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), costaría entre US$700 millones y US$900 millones y tomaría unos cinco años en construirse.
La línea también sería necesaria para aprovechar la futura interconexión con Colombia. Gómez describió la posibilidad de que Panamá intercambie energía con los países andinos y centroamericanos en ambas direcciones. Su advertencia fue sobre el tiempo: si se quiere contar con esa capacidad dentro de una década, la decisión sobre la red tiene que tomarse ahora.
Mientras se habla de ese papel regional, entre 55,000 y 60,000 familias panameñas aún carecen de electricidad, de acuerdo con las cifras indicativas que presentó el especialista. Estimó en unos US$300 millones la inversión para llevarles el servicio. Lisneli Valdés, directora de Electricidad de la Secretaría Nacional de Energía, mostró otra distancia entre los planes y la situación actual: las pérdidas eléctricas rondan el doble de la meta de 10% fijada en 2015. “Estamos al doble de lo que dijimos hace una década que íbamos a estar”, señaló.
Licitación de las distribuidoras

Tampoco basta con conectar nuevos usuarios si el servicio falla. Ese es uno de los asuntos que la ASEP examina mientras prepara las próximas concesiones de distribución eléctrica. Los contratos actuales vencen en octubre de 2028 y el proceso competitivo debe convocarse a más tardar en octubre de 2027. La administradora de la entidad, Zelmar Rodríguez, lo resumió así: “La regulación tiene sentido cuando se traduce en resultados concretos para el usuario”.
Agua Canal y Rio Indio
Con el agua, el país enfrenta una presión que ya se ha sentido en la operación del Canal. Los buques y la población dependen de los mismos lagos. En los años secos, reservar agua para el consumo ha obligado a reducir calados y tránsitos. Ilya Espino de Marotta, administradora del Canal, advirtió que hacerlo repetidamente pone a prueba la confiabilidad de la ruta: “Yo no puedo decirle eso a los clientes cada 3 años, porque entonces buscan rutas alternas”.
Por eso Río Indio ocupó un lugar central en la conversación. El Canal calcula una inversión de US$1,500 millones para el nuevo lago, incluidos unos US$400 millones en mitigación ambiental y reasentamiento. La obra busca dar más capacidad de almacenamiento, aunque todavía se trabaja en el diseño, los estudios ambientales y los acuerdos con las familias que tendrían que trasladarse. La licitación está prevista para 2027. Hay una solución propuesta, pero aún no es agua almacenada.
10 mil millones en inversión
El desafío del agua no termina en conseguir una nueva fuente. Solo el 57% de las aguas residuales que se generan en Panamá recibe algún tipo de tratamiento, según las cifras presentadas por María Eugenia de la Peña, especialista líder de Agua y Saneamiento del BID. También persisten brechas de acceso entre las áreas urbanas y rurales y entre hogares de distintos ingresos. “Si no hay agua, no hay salud pública, si no hay agua, no hay desarrollo industrial”, planteó.

De la Peña hizo una estimación preliminar de US$10,000 millones en diez años para avanzar en la cobertura de agua y saneamiento: alrededor de US$1,000 millones anuales, frente a los cerca de US$350 millones que se invierten hoy cada año. El problema, advirtió, no es solo cuánto se asigna, sino cuánto se logra ejecutar y cómo se mantiene lo construido. Las tarifas actuales cubren apenas el 70% de los gastos operativos del IDAAN. Entre sus propuestas incluyó una planificación nacional de largo plazo y transformar al instituto en una empresa pública de servicios con mayor autonomía técnica y financiera; aclaró que revisar el esquema tarifario no significa subir las tarifas de inmediato.

Valor agregado y personal preparado
¿Para qué necesita Panamá resolver todo esto? Eric Molino llevó la discusión a la producción y el empleo. Según las cifras que presentó, la economía ha crecido 22% desde 2019, mientras la industria apenas 1%. El país mueve millones de contenedores, pero cerca del 90% de esa carga es de trasbordo. “No seamos solamente un país de tránsito”, pidió: la oportunidad, sostuvo, está en transformar parte de esas mercancías aquí.
Molino puso ejemplos de lo que significa agregar valor: Panamá exporta piña, pero no jaleas; exporta tomates, pero no tomates deshidratados. Su planteamiento fue aprovechar la logística que ya tiene el país para transformar productos aquí y generar empleo, en vez de limitarse a mover mercancías.
Para hacerlo, señaló que también hace falta personal preparado. Cuestionó que la formación escolar siga orientada a «las carreras del pasado» y pidió dar prioridad a las habilidades técnicas que hoy necesitan las empresas. Incluso con incentivos para atraer inversionistas, advirtió, estos terminarán preguntando: «¿Dónde está la mano de obra?».
Innovacion
En el panel de innovación energética, la conversación bajó de los grandes proyectos a la cuenta de luz de cada empresa. Los participantes explicaron que una industria paga por la energía que consume y por la potencia que requiere; por eso, antes de instalar paneles solares o baterías, necesita medir en qué momentos y procesos se producen esos costos. Las baterías, por ejemplo, pueden servir de respaldo ante fallas, reducir la demanda en horas de mayor consumo y complementar la generación solar. La coincidencia fue que la combinación útil depende del diagnóstico de cada planta.
Financiamiento sostenible
La siguiente pregunta fue cómo pagar esas inversiones. En el panel de financiamiento, Global Bank estimó que más del 10% de su cartera, unos US$600 millones, corresponde a financiamiento sostenible; en 2020 había identificado menos del 3%. Banco Nacional situó esa proporción en alrededor del 15% de su cartera. Hay fondos y programas para proyectos de energía, agua y producción más eficiente, pero los bancos advirtieron que una iniciativa no obtiene crédito solo por llamarse sostenible: debe tener mercado, capacidad de pago y resultados que puedan medirse. Desde Banco Mercantil señalaron, además, que algunos proyectos podrían acudir al mercado de valores mediante bonos verdes o azules, siempre que su tamaño y viabilidad justifiquen los costos de estructurarlos.

El panel de economía circular mostró otra forma de aprovechar mejor los recursos. Se habló de separar residuos desde su origen y de contar con recolección para que esa separación no se pierda. Pero también de diseñar procesos que usen menos material o permitan utilizar un recurso varias veces: Coca-Cola FEMSA expuso que incorpora 25% de plástico reciclado en sus botellas PET, mientras Paula Molina presentó el aprovechamiento sucesivo del agua en tres centrales hidroeléctricas de Chiriquí. Desde Recimetal se explicó por qué recuperar latas de aluminio resulta más atractivo económicamente que recoger botellas plásticas: el valor de cada material determina si alguien puede sostener ese trabajo.
Dos jornada que buscan pasar a la acción
Intentamos comprimir dos jornadas en esta nota, pero Edgar Ivankovich, presidente de la comisión organizadora, tuvo que hacer ese ejercicio en vivo al cierre de cada día. Después de repasar los retos eléctricos del miércoles y las conversaciones sobre agua del jueves, dejó una idea para llevarse del simposio: Panamá puede aspirar a producir más, pero primero tiene que asegurar los recursos que sostienen esa producción. Del agua subrayó “el impacto que tiene en nuestra economía”.
Al hacer su balance de las dos jornadas, el presidente del Sindicato de Industriales de Panamá, Rosmer Jurado, señaló que la sostenibilidad también pasa por la innovación, la transformación tecnológica y la medición de resultados, más allá del componente ambiental. En el simposio, esa idea apareció tanto en las grandes obras pendientes como en las decisiones que ya pueden tomar las empresas para consumir menos energía y aprovechar mejor el agua y los materiales.
Puedes ver las presentaciones completas
Dia uno
DIA 2





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