Alma Solis
El crecimiento de la economía panameña se mantiene y las proyecciones continúan ubicando a Panamá entre las más dinámicas de la región. La expansión está sostenida por sectores vinculados al comercio global y por una estabilidad interna que contrasta con la incertidumbre del entorno internacional.
Ese mismo crecimiento, sin embargo, no alcanza por sí solo para responder a los principales desafíos internos. El empleo, la sostenibilidad fiscal, la institucionalidad y la ejecución de decisiones estructurales superan la capacidad de respuesta de ese crecimiento, y se convierten en los desafíos más urgentes del país.
Al mirar hacia 2026, economistas y un ingeniero consultados por SNIP Noticias con visiones distintas coinciden en estos puntos centrales.
Las cifras del cierre de 2025 reflejan con claridad ese contraste. “La economía en 2025 debe cerrar
con un crecimiento de 4.0-4.5% – lo cual es positivo – y con un desempleo alrededor del 10% – lo cual es complicado”, señala el ingeniero Domingo Latorraca de la firma Elemente. En una sola frase, resume una realidad compartida: Panamá crece, pero el mercado laboral no acompaña con la misma intensidad.
El empleo aparece, de hecho, como el principal punto de tensión en casi todos los diagnósticos. “Hubo un crecimiento económico entre 4-4.3%, pero sin generar empleos formales, haciendo que la tasa de desempleo subiera a más del 10% y aumentando la informalidad”, advierte el economista Rolando Gordón. Para Gordón, el problema no es coyuntural, sino estructural, y está directamente relacionado con el modelo de crecimiento.
“Creemos necesario que el país debe preocuparse más por la generación de empleos y menos por lograr un crecimiento alto en los sectores de servicios de exportación como el canal, el centro bancario, el transporte aéreo”, afirma. Aunque reconoce que estos sectores crecieron fuertemente, subraya que lo hicieron “sin generar empleo”. Su conclusión es directa: “Esto genera ingresos, pero no lo que la gente necesita para tener una vida digna: empleos de calidad”.
La advertencia se repite desde otros ángulos. El economista Eric Molino coincide en que “el principal riesgo económico es no atender el creciente nivel de desempleo e informalidad”, y añade que “es imperativo que el crecimiento del pib se vea traducido también en movilidad vertical”. Para Molino, la reducción de la pobreza pasa necesariamente por el empleo, y el empleo depende de condiciones internas que hoy no están plenamente resueltas.
“Para promover la inversión doméstica y el emprendimiento, es clave que el Estado automatice
procesos y reduzca la burocracia”, señala, conectando el problema laboral con la eficiencia del aparato estatal. En su visión, el crecimiento no puede descansar únicamente en grandes proyectos o en inversión extranjera, sino en la capacidad del país para dinamizar su economía interna.
Aun así, la logística y la infraestructura continúan siendo el eje central del crecimiento hacia 2026. Latorraca considera que Panamá “está por iniciar un periodo de altas inversiones en mejorar su infraestructura logística”, lo que podría impulsar el crecimiento por encima del 4%, especialmente a partir de 2027. En esa línea, destaca que el Canal de Panamá estará invirtiendo aproximadamente 10,000 millones de dólares en proyectos como Río Indio, Corozal y Telfers, el gasoducto y el corredor logístico.
Molino coincide en que el país seguirá aplicándose en su posición geográfica. “El país buscará apalancarse del Canal y el modelo de asociación público privada para financiar infraestructura estratégica, atraer inversión, generar empleos y aumentar la capacidad productiva del país”, afirma. También apunta a que el acercamiento a Mercosur “ayudará a elevar el sector logístico, industria, comercio y el agro”.
Pero esa fortaleza logística no está exenta de riesgos. Eddie Tapiero introduce un elemento que atraviesa el análisis de 2026: la institucionalidad. Aunque reconoce un “panorama de incertidumbre por el lado global”, señala que Panamá mantiene “estabilidad por el lado interno” y que “nuestra ruta se resalta ante cambios de comercio”. Sin embargo, advierte que esa ventaja puede erosionarse si el país no actúa con una visión coherente.
“La falta de institucionalidad” es, para Tapiero, un riesgo que no debe subestimarse. “El hub logístico forma parte de la seguridad nacional estadounidense y por ello debemos presentar una sola visión con intereses de país y no personales”, afirma. En ese contexto, agrega, “EEUU observa de cerca cómo manejamos nuestros activos logísticos”.
La advertencia se vuelve más concreta cuando señala que “la evidencia del mal manejo del contrato minero y de las concesiones de Panama Ports pone en riesgo la seguridad de nuestro hub”, conectando la gestión de activos estratégicos con la confianza internacional y la estabilidad del modelo logístico.
Las finanzas públicas aparecen como otro límite estructural. Latorraca advierte que “es vital que se continúen implementando reformas estructurales que permitan controlar el aumento desmedido del gasto público”, causado por leyes especiales, subsidios y exoneraciones, y encaminar el balance fiscal apuntando a 2.5% del PIB en el SPNF y la deuda pública hacía 40% del PIB. “Esto es un factor clave en la evaluación de riesgo país”, subraya.
Gordon aterriza esa presión en cifras concretas. “Solo el próximo año hay que pagar en intereses de la deuda unos 3,500 millones de dólares”, señala, un monto que, según indica, es casi equivalente a lo que el Canal tiene previsto entregar al Estado. A ello se suma una recaudación fiscal que considera limitada y una dinámica recurrente: “pedir nueva deuda para pagar viejas deudas y así continuar con este círculo sin fin”.
Para Carlos Araúz, otro de los economistas consultados, el desafío fiscal va más allá de los números. “El panorama económico de Panamá para el 2026 está determinado por la valentía, el coraje en la planificación que tengan nuestros gobernantes y la disposición con respeto de tener conversaciones duras y difíciles”, afirma. Su énfasis está en la forma en que se toman las decisiones.
Araúz insiste en que el problema no es únicamente cuánto se gasta, sino “la calidad, la calidad del gasto”. “Gastar en lo social, gastar en educación… no nos debe molestar porque está creando algún tipo de alternativa en creación de prosperidad o de bienestar”, señala, aunque advierte que el país enfrenta restricciones severas: “no hay espacio para maniobrar” en un contexto de alto endeudamiento.
La planificación aparece, así, como un eje transversal. “Seguimos subestimando el poder de la planificación”, afirma Araúz, señalando que, pese a contar con un instituto de planificación, el país cae en la improvisación. “Cuando no le damos valor a la planificación, perdemos oportunidades”, advierte, en un momento en que la tecnología y la inteligencia artificial están redefiniendo la forma en que se crea empleo y se construye competitividad.
Las proyecciones internacionales refuerzan este escenario de contrastes. La CEPAL recortó sus estimaciones de crecimiento para Panamá y advirtió que el menor dinamismo del empleo y del consumo limitará la expansión, aunque reconoció que los servicios logísticos y financieros continuaron siendo un soporte esencial del crecimiento. El Banco Mundial, en su reporte de octubre, proyecta un crecimiento de 4.1% para 2026 y 2027, confirmando que la economía mantiene tracción, pero sin despejar los retos estructurales.
Así, Panamá llega a 2026 con una agenda clara y compleja. El crecimiento continúa y la estabilidad se mantiene, pero el empleo, las finanzas públicas, la institucionalidad y la ejecución de decisiones estratégicas se consolidan como los factores que definirán si esa expansión logra transformarse en desarrollo sostenido y en resultados que vayan más allá de las cifras.





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