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Comunidades rurales costeras de nueve territorios del Caribe de Panamá y Cuba estarán mejor preparadas para hacer frente al cambio climático y fortalecerán su capacidad de producir alimentos a través de un nuevo proyecto binacional que promueve la adopción de prácticas agropecuarias y pesqueras sostenibles.
El proyecto “Fortalecimiento de la Capacidad Adaptativa de las Comunidades Costeras de Cuba y Panamá al Cambio Climático mediante el Intercambio Binacional de Buenas Prácticas para la Gestión del Clima y la Seguridad Alimentaria Local” se formalizó con la firma de acuerdos entre el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), institución financiera internacional que implementa el proyecto, la Fundación Natura y la Fundación Iris, agencias encargadas de su ejecución en Panamá y Cuba, respectivamente.
El plan supone una inversión total de 14 millones de dólares, aportados por el Fondo de Adaptación. La iniciativa surge ante riesgos crecientes en zonas costeras del Caribe, donde las comunidades enfrentan eventos extremos, erosión, aumento del nivel del mar y afectaciones en los sistemas productivos.
El viceministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, Rudy Montero Mata, manifestó que la cooperación entre ambos países facilitará el intercambio técnico y de experiencias en adaptación climática, con énfasis en la producción sostenible, el manejo de recursos naturales y la seguridad alimentaria en territorios vulnerables.

Por su parte, Oliver Page, especialista regional en Cambio Climático y Medio Ambiente del FIDA, destacó que “el proyecto trabajará con productores vulnerables de pequeña escala que dependen de la agricultura y la pesca para generar ingresos. A medida que fortalezcan sus capacidades para enfrentar los efectos del cambio climático, también se verá reforzada su capacidad de producir alimentos”.
Este proyecto tendrá una duración aproximada de cinco años y alcanzará a 32,892 personas en la provincia de Colón, en los distritos de Chagres, Donoso, Portobelo y Santa Isabel. Será la primera operación del FIDA en Panamá desde 2015.
En Cuba, por su parte, se desarrollará en los municipios de Baracoa, Batabanó, Consolación del Sur, La Sierpe y San Cristóbal, y se espera que tenga un impacto positivo para 41,350 personas.
El proyecto se organiza en tres componentes principales:
Planificación de adaptación y cooperación regional: aplicación de metodologías de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre pérdidas y daños en agricultura y pesca; elaboración de planes participativos de adaptación y gestión de riesgos; e intercambio técnico entre ambos países.
Adaptación basada en ecosistemas: restauración y manejo sostenible de ecosistemas costeros, incluidos manglares, con acciones dirigidas a disminuir la vulnerabilidad ante inundaciones, erosión costera y aumento del nivel del mar, con participación comunitaria.
Cadenas de valor resilientes y medios de vida sostenibles: apoyo a cooperativas agrícolas y pesqueras; desarrollo de escuelas de campo, método de aprendizaje a través de la experimentación en fincas; y adopción de tecnologías. Como resultado, se espera la aplicación de prácticas climáticamente inteligentes en 219 hectáreas productivas entre ambos





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