Por: Javier Motta
La estabilidad de un sistema bancario no se pone a prueba en los momentos de

bonanza, sino cuando enfrenta situaciones de tensión e incertidumbre. En esos escenarios, la capacidad de los bancos para gestionar adecuadamente sus riesgos marca la diferencia entre la resiliencia y la vulnerabilidad.
El fortalecimiento de los estándares prudenciales y de supervisión se ha convertido en una prioridad para la Superintendencia de Bancos de Panamá (SBP), particularmente a través de la implementación gradual de los principios de Basilea III.
El riesgo operativo ocupa un lugar central dentro de estos estándares. Las fallas en procesos, sistemas, controles internos o eventos externos pueden afectar el funcionamiento de una entidad bancaria y, en casos extremos, generar consecuencias más amplias para el sistema financiero.
Consciente de los desafíos, la SBP ha robustecido su marco regulatorio y de supervisión para promover una adecuada gestión de riesgos y fortalecer la capacidad de respuesta de las entidades bancarias.
La SBP es el ente regulador y supervisor de los bancos y grupos bancarios autorizados para operar en la plaza panameña, así como de las entidades fiduciarias a las que ha otorgado licencia. Su principal objetivo es velar por la solidez y eficiencia del sistema bancario mediante una supervisión integral que contribuya a preservar la estabilidad financiera.
Para alcanzar este objetivo, la SBP mantiene un esquema de supervisión macroprudencial y microprudencial. La supervisión macroprudencial se orienta a identificar y mitigar riesgos que puedan afectar al sistema financiero en su conjunto, fortaleciendo su capacidad de respuesta ante eventos adversos. Por su parte, la supervisión microprudencial se concentra en evaluar la situación de cada entidad bancaria, verificando que cuente con una adecuada gestión de riesgos, niveles apropiados de capital y liquidez, y prácticas alineadas con los estándares regulatorios vigentes.
En este contexto, la adopción progresiva de Basilea III ha sido una herramienta clave para fortalecer el marco prudencial panameño. Estos estándares internacionales buscan que los bancos mantengan una posición financiera sólida, con capacidad para absorber pérdidas y afrontar períodos de tensión sin comprometer la estabilidad del sistema financiero.
Panamá ha avanzado de manera significativa en esta materia mediante la incorporación de estándares relacionados con la calidad del capital, la gestión integral de riesgos, la liquidez y el riesgo operativo. Entre estos avances destaca la adopción de las definiciones internacionales de capital primario ordinario (CET1) y capital primario adicional (AT1), así como el fortalecimiento de los requerimientos prudenciales aplicables a las entidades de importancia sistémica doméstica.
La liquidez constituye otro pilar fundamental. Desde 2018, la SBP implementó el Coeficiente de Cobertura de Liquidez (LCR), una de las herramientas centrales de Basilea III para medir la capacidad de los bancos de enfrentar escenarios de estrés financiero de corto plazo.
El modelo panameño exige niveles de cobertura que pueden alcanzar el 100% para las entidades de importancia sistémica doméstica, reforzando la capacidad del sistema para responder ante situaciones adversas.
Este proceso ha estado acompañado por actualizaciones regulatorias continuas que fortalecen la gestión de riesgos, la supervisión basada en riesgos y la capacidad de las entidades para enfrentar entornos cada vez más complejos. Más que un ejercicio de cumplimiento normativo, estas medidas contribuyen a que el sistema bancario mantenga elevados estándares de solidez y preparación frente a posibles eventos de tensión.
Aunque muchos de estos avances no son visibles para los usuarios en sus transacciones diarias, sus beneficios son concretos. Un sistema bancario mejor capitalizado, con adecuados niveles de liquidez y una gestión de riesgos más robusta, está en mejores condiciones para mantener la continuidad de sus operaciones y respaldar las necesidades financieras de familias y empresas.
En un entorno marcado por desafíos cada vez más complejos para la actividad financiera, la implementación de Basilea III representa una inversión en estabilidad y resiliencia.
En este contexto, realizamos un auto diagnóstico de cumplimiento de las principales prácticas recogidas por Basilea III. Se observa que nuestro país se encuentra con un grado avanzado de cumplimiento, inclusive si nos comparamos con la mayoría de los países de la región
A través de una supervisión integral, preventiva y basada en riesgos, la SBP continúa fortaleciendo las bases de un sistema bancario sólido, eficiente y preparado para responder a las exigencias del presente y del futuro.
.El autor Javier Motta es director de Estabilidad Financiera de la Superintendencia de Bancos de Panamá
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad única del autor. No pueden ser consideradas como una posición de este medio





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