Octavio Vallarino Arias
Hay un terreno donde seguimos bien cerrados: el ejercicio profesional. Hoy en día, si

un ingeniero, un médico o un científico extranjero quiere trabajar formalmente en su profesión aquí, se topa con una pared legal. Y esto pasa incluso en casos donde esa persona no le quitaría el pan a nadie, sino que más bien traería algo que aquí todavía no tenemos. Adicionalmente, tenemos el casos de que en el país hay profesionales residiendo, por cuaquier motivo o condición que sea, y no pueden ejercer su profesión a la mano de algun nacional.
La pregunta que vale la pena hacerse es sencilla: ¿se puede seguir protegiendo al profesional panameño y, al mismo tiempo, aprovechar todo ese conocimiento que ya está viviendo dentro de nuestras fronteras?
Panamá tiene, ahora mismo, profesionales extranjeros altamente calificados viviendo aquí que no pueden ejercer lo que estudiaron por culpa de restricciones legales. Eso es rarísimo si lo piensas bien. El país logra atraer el talento, pero después no lo puede usar. Es como comprar una herramienta buenísima y dejarla guardada en la caja.
Realmente es un tema de competitividad país. En un mundo donde la tecnología y la innovación avanzan a mil, las naciones que saben mezclar el conocimiento de afuera con el talento de casa son las que despegan más rápido.
Panamá ya vivió algo parecido con los científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Durante décadas, esos investigadores extranjeros han trabajado codo a codo con panameños, y eso ha elevado muchísimo nuestra cultura científica, especialmente en temas de biodiversidad y ambiente. Nadie diría que eso le hizo daño al científico panameño; al contrario, lo potenció.
Ahora imaginemos algo similar pero más amplio, con instituciones como SENACYT abriendo espacio, bajo reglas claras, para que profesionales extranjeros aporten en áreas donde todavía nos falta camino por recorrer. No se trata de llenar el país de extranjeros ejerciendo libremente, sino de traer conocimiento puntual, en temas puntuales, con reglas puntuales.
La propuesta es crear un régimen especial, excepcional y bien regulado, que permita el ejercicio temporal de profesionales extranjeros bajo criterios estrictos de interés nacional sin que eso signifique abrir el mercado profesional de manera indiscriminada ni desplazar a nadie de su trabajo.
Si hay algo que debería darnos tranquilidad es que esto ya lo vivimos antes. En los primeros años del centro bancario internacional, buena parte de los cargos gerenciales estaban en manos de extranjeros. Con el paso del tiempo, los panameños fuimos ganando experiencia, formándonos, y poco a poco fuimos asumiendo esos puestos. Hoy, el liderazgo de la banca en Panamá es mayoritariamente nacional. Ese proceso nos fortaleció.
Y si buscamos el caso más grande de transferencia de conocimiento que ha vivido este país, ahí está el propio Canal de Panamá. Durante buena parte del siglo pasado, fueron los norteamericanos quienes manejaron la operación, la ingeniería y la administración de esa obra. Eso significó décadas de conocimiento técnico altamente especializado circulando dentro de nuestras fronteras.
Cuando llegó la reversión, no heredamos solo el Canal como estructura física: heredamos también un capital humano panameño que se había ido formando codo a codo con esos expertos, absorbiendo know-how de primer nivel. Hoy el Canal lo opera Panamá, con panameños, y es una de las operaciones más eficientes y admiradas del mundo. Ese proceso de transferencia terminó fortaleciendo nuestra propia capacidad técnica siendo la prueba más contundente de que dejar entrar conocimiento extranjero, bien gestionado, no nos debilita: nos deja mejor preparados de lo que estábamos antes.
Ahora existe la Ley de Pasantías, pensada para que los jóvenes recién graduados tengan un primer paso hacia el mundo laboral. ¿Por qué no conectar esa iniciativa con la idea de traer conocimiento extranjero? Imagínate a un estudiante panameño recién salido de la universidad haciendo su pasantía junto a un científico o profesional extranjero, aprendiendo de primera mano, absorbiendo experiencia que quizás tardaría años en conseguir de otra forma. No sería reemplazar a nadie: sería multiplicar el conocimiento que se queda en el país.
Panamá no necesita elegir entre proteger a los suyos o aprovechar el talento de afuera. Puede hacer las dos cosas, si se hace con cabeza fría y reglas claras. La experiencia del canal, la banca y del Smithsonian ya nos mostró el camino. Ahora solo falta la voluntad de construir ese puente, sin miedo, pero también sin perder lo que nos ha costado tanto construir.
La propuesta aquí es crear un régimen especial, excepcional y bien regulado, que permita el ejercicio temporal de profesionales extranjeros bajo criterios estrictos de interés nacional sin que eso signifique abrir el mercado profesional de manera indiscriminada ni desplazar a nadie de su trabajo.
El autor es promotor de proyectos. Además Octavio Vallarino Arias es Ingeniero, mecánico, graduado de Texas A&M University. Ingeniero consultor por 10 años en la industria de aire acondicionado y luego Dedicado a proyectos inmobiliarios desde 1980 con el inicio de su primer proyecto, Edificio Vallarino en el Área Bancaria. Socio de Desarrollo Bahia desde 1984, una de las principales empresas promotora de proyectos de bienes raíces en Panamá de condominios de lujo, edificios de oficinas y hoteles.
www.desarrollobahia.com
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