Alma Solís
asolis@noticiasdepanama.com
La gestión de personas, la relación con clientes y proveedores, la transparencia y el gobierno corporativo forman parte de una estrategia que ha dejado de verse como una acción aislada para vincularse con la competitividad de las empresas.
La sostenibilidad empresarial ha ido dejando atrás la etapa en la que se asociaba principalmente con acciones puntuales, como jornadas de reciclaje, limpieza de playas o actividades sociales, para incorporarse a decisiones relacionadas con la gestión, la productividad, la reputación y la rentabilidad de los negocios.
Karla Mola, directora ejecutiva de Sumarse, explicó que esta evolución ha ocurrido de manera gradual. Hace alrededor de 17 o 18 años, cuando la organización comenzó a impulsar esta conversación, el punto de partida era la responsabilidad social y la necesidad de que las empresas reconocieran los impactos positivos y negativos que generan en la sociedad en la que operan.
Entre los impactos positivos mencionó la generación de empleos y, entre los negativos, la huella de carbono. A partir de esa identificación, explicó, las empresas comenzaron a incorporar presupuestos, personas encargadas e indicadores para gestionar esos impactos.
“Ya no es una acción aislada y, segundo, no es solo un tema ambiental, es un tema estratégico para las empresas”, afirmó.
La evolución amplió también los asuntos que forman parte de la discusión. Además del ambiente, incluye cómo una empresa se relaciona con clientes y proveedores, gestiona a sus colaboradores, trabaja bajo principios de ética y transparencia, desarrolla su gobierno corporativo y comunica tanto sus avances como los retos que enfrenta.
Rentabilidad también entra en la conversación
Mola vinculó esa forma de gestionar una empresa con su capacidad para mantenerse en el tiempo y competir.
“Yo siempre digo que la primera responsabilidad social de una empresa es ser rentable. Si la empresa no es rentable, no puede cumplir con sus compromisos y para ser rentable tiene que tener una buena gestión de negocio”, señaló.
En ese proceso, las personas también ocupan un lugar central. La directora ejecutiva de Sumarse sostuvo que el desarrollo de los colaboradores, su sentido de pertenencia, su bienestar y la existencia de espacios laborales seguros tienen relación con la productividad.
A ello sumó elementos como la reputación, la transparencia y el gobierno corporativo, que pueden incidir en la viabilidad económica de una organización.
“Claridad, transparencia, buena reputación, buen gobierno corporativo, bienestar del personal, mejor relacionamiento con los grupos de interés, con la comunidad, hace que las empresas sean más rentables, que haya competitividad y, por ende, podamos ser sostenibles en el tiempo”, explicó.
El cambio también se observa dentro de las propias organizaciones. Según Karla, la conversación sobre sostenibilidad ya no está concentrada en una sola área de la empresa, sino que ha ido permeando hacia otras áreas, permitiendo que más partes de la organización conozcan su propósito y la dirección de su estrategia de sostenibilidad.
Entre las compañías vinculadas a Sumarse, dijo, ese proceso ya muestra avances. La organización cuenta con más de 200 empresas entre sus miembros y, de acuerdo con Karla, el 90% tiene una estrategia de sostenibilidad o está trabajando en una.
Ya no basta con decirlo
Mientras las empresas modifican la forma de gestionar estos asuntos, también están cambiando las exigencias de consumidores y colaboradores.
Karla señaló que actualmente conviven cinco generaciones dentro de las empresas y que las nuevas generaciones están más conectadas con los temas de sostenibilidad. Entre otros aspectos, quieren conocer de dónde provienen las materias primas y cómo se elaboran los productos.
La mayor disponibilidad de información, sostuvo, también aumenta la presión para que las compañías respalden lo que comunican.
“Las empresas ya no pueden decir solamente: ‘Yo soy una empresa socialmente responsable’, porque los grupos de interés están más informados, hay mucha más información y están demandando que tú me valides esa información, que no solo lo digas, sino que tengas coherencia entre lo que dices y lo que haces”, afirmó.
Ese cambio alcanza también la relación entre las personas y las compañías para las que trabajan. Según Karla, existe una búsqueda de organizaciones cuyos propósitos coincidan con los de sus colaboradores y en las que también se valore la forma en que son tratados.
Las pymes también entran en la estrategia
La sostenibilidad, sostuvo, tampoco es un asunto reservado a las grandes empresas.
Para explicar esa idea, Karla citó una frase de Juan Octavio Díaz, de Casa de las Baterías: “Esto no es para empresas grandes, esto es para hacer empresas más grandes”.
Las pequeñas y medianas empresas forman parte de las cadenas de valor de compañías de mayor tamaño, explicó, por lo que también están entrando en esta conversación y en la incorporación de criterios de sostenibilidad.
Sumarse trabaja con empresas y pymes y mantiene alianzas con gremios empresariales que han comenzado a incorporar estos asuntos dentro de sus estructuras. Karla mencionó entre ellos a la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, el Sindicato de Industriales de Panamá y APEDE.
El desafío, sostuvo, será ampliar el alcance de esta conversación y conseguir que más personas y empresas entiendan la sostenibilidad como una herramienta de competitividad.
La discusión estará presente esta semana durante la edición número 15 de la Semana de la RSE que se llevara acabo el 6 y 7 de octubre. Karla adelantó que más de 15 CEO participarán para exponer prácticas, experiencias y retos de sus organizaciones.
La agenda abordará asuntos que, según explicó, ya están transformando a las empresas, entre ellos bienestar, personas, confianza, resiliencia, transición energética, finanzas sostenibles y tecnología, además del papel de la sostenibilidad en las inversiones y el gobierno corporativo.





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