Por Octavio Vallarino Arias.

Me ha inspirado mucho escribir sobre algunas personas que considero que han hecho tanto por este querido país que es justo darles su debido reconocimiento y es lo que aquí intento hacer.
En la primera versión de Héroes de Panamá hablé de Sam y de Chris. Dos extranjeros que llegaron a Panamá casi por accidente y se enamoraron de lo que encontraron.
Sam Taliaferro (Q.E.P.D.) — Este norteamericano llegó a Boquete cuando nadie lo conocía y tuvo la visión de crear Valle Escondido, una comunidad de retiro que puso a Panamá en el radar mundial. Poco después Panama salto a la fama como mejor país del mundo para retirarse. Boquete, para su bien, nuncavolvió a ser el mismo.
Chris Lens — Un canadiense que venía navegando el mundo con su familia ancló en la Bahía de Panamá, recorrió el Casco Viejo y decidió quedarse. Creó La Compañía, el hotel boutique de lujo más icónico del Casco Antiguo, y luego transformó El Valle de Antón renovando el Hotel Los Mandarinos en un resort de clase mundial.
Eso mismo es lo que quiero seguir contando, porque hay más historias así y creo que los panameños tenemos que conocerlas y valorarlas. Hoy les presento a otros dos que tienen el mismo denominador común: llegaron de paso, Panamá los atrapó, y ellos respondieron apostando fuerte por nuestro país.
Uno descubrió el Casco Antiguo de la capital y decidió que ese barrio histórico se merecía mucho más de lo que tenía. El otro ancló su velero en Bocas del Toro de camino a la Polinesia y nunca siguió el viaje. Los dos construyeron algo que no existía y que Panamá necesitaba. Eso, para mí, es un héroe.
HEROE NUMERO DOS:
KC Hardin llegó a Panamá de vacaciones en 2002. Venía de ser abogado corporativo en Nueva York y Tokio, trabajando en fusiones y adquisiciones para una de las firmas de abogados más importantes del mundo. O sea, este señor tenía todo resuelto. Y, aun así, algo pasó cuando llegó a Panamá. El Casco Antiguo lo dejó impactado.
Donde otros veían un barrio viejo y descuidado, KC vio un activo histórico de primer nivel que nadie estaba aprovechando bien. Se casó con una panameña, Patrizia Pinzón, y en 2004 fundó Conservatorio junto a otros socios. La idea era restaurar edificios del Casco sin quitarle el alma al barrio. Sin botar a la gente que vivía ahí. Sin convertirlo en algo artificial para turistas. Eso fue lo diferente.
Con los años, Conservatorio se convirtió en la empresa desarrolladora más grande del distrito histórico. Han restaurado el American Trade Hotel, Las Clementinas, Santa Familia, La Manzana y muchos edificios más. Pero lo que me parece más interesante es que el modelo incluye de todo: hoteles de lujo, apartamentos residenciales y también vivienda asequible. Porque KC entiende que el Casco es lo que es gracias a la mezcla de gente que vive ahí, y eso hay que preservarlo.
El impacto internacional fue enorme. El New York Times, el Financial Times, Vanity Fair, Condé Nast Traveller, Architectural Digest, Wallpaper, Monocle… todos han escrito sobre lo que está pasando en el Casco Antiguo gracias a Conservatorio. El MIT y Oxford lo estudian como modelo de regeneración urbana. Y en 2016, The Aspen Institute le dio a KC el Premio McNulty por Esperanza San Felipe, un programa que reintegró a ex pandilleros del barrio a la vida productiva y bajó drásticamente la violencia en la zona. Eso no es solo hacer negocios. Eso es hacer patria.
Hoy KC está trabajando en Gran Central, casi 100,000 metros cuadrados de uso mixto anclados por un hotel de bandera internacional en la Avenida Central, para devolverle la vida al paseo peatonal más importante del centro histórico. También está revitalizando la isla de Taboga restaurando el histórico Hotel Chu, y tiene proyectos en Veraguas orientados al surf. KC no para. Panamá es su proyecto de vida.
HEROE NUMERO TRES:
Ernesto Gutiérrez es el tipo de empresario que no se queda quieto. Ha tenido negocios en hotelería, minería, biotecnología, ganadería y tecnología. Para él, emprender es algo casi instintivo — ve una oportunidad donde otros no ven nada y se lanza. Y eso fue exactamente lo que pasó con Panamá.
Ernesto había venido al país por temas de transporte marítimo, y también a surfear en Santa Catalina. Pero la historia de verdad comenzó cuando navegaba con su velero y decidió hacer una parada en Bocas del Toro antes de seguir rumbo a la Polinesia. Lo que iba a ser una escala corta se convirtió en algo que cambió su vida.
Dejó el barco en Isla Colón. Dos años después compró una propiedad y construyó su casa ahí. Y mientras vivía en el velero por temporadas largas, fue notando algo que le molestaba: en ese paraíso del Caribe panameño no había un hotel a la altura. No existía una opción con los estándares que él mismo hubiera buscado como viajero. Y entonces tomó la decisión más lógica del mundo para alguien como él: lo construyó.
Así nació La Coralina Island House. Un hotel boutique de lujo en Isla Colón con arquitectura inspirada en el estilo balinés y javanés, integrado perfectamente con la selva tropical y el mar Caribe. Villas privadas, suites con vistas al océano, spa y centro holístico, gastronomía de autor, piscinas infinitas frente al mar y acceso directo a los mejores picos de surf de Playa Paunch. Un producto que simplemente no existía en Bocas del Toro y que subió el nivel de toda la oferta turística del archipiélago.
Pero Ernesto no lo ve solo como un hotel. Él lo ubica dentro del negocio del bienestar integral, que hoy es uno de los sectores de mayor crecimiento en el mundo y representa cerca del 4% del PIB global con un crecimiento anual del 6%. La Coralina es un lugar donde la gente viene a desconectarse de verdad, a resetear, a reconectarse con ellos mismos. Eso tiene un mercado enorme.
Y lo que también me parece admirable es el compromiso ambiental. La Coralina está rodeada de mar y selva, y Ernesto se toma en serio esa responsabilidad. Reforestación de especies nativas, reimplantación de corales dañados por el cambio climático, protección de los ecosistemas. En La Coralina el lujo no está reñido con el respeto al medio ambiente. Al contrario, van de la mano.
Panama es un país que enamora a quien lo conoce. Cuatro extranjeros. Cuatro historias distintas. El mismo final: Panamá los enamoró y ellos decidieron apostar por este país. Sam Taliaferro lo hizo en Boquete. Chris Lens lo hizo en el Casco Viejo y en El Valle. KC Hardin lo hizo en el Casco Antiguo. Ernesto Gutiérrez lo hizo en Bocas del Toro. Cada uno encontró su joya y decidió pulirla para que el mundo entero la viera.
Como panameño que lleva años en esta industria, esto me llena de orgullo. Porque lo que hicieron estos señores no fue solo invertir dinero. Fue creer en Panamá cuando muchos todavía no lo hacían. Y gracias a ellos, hoy nuestro país está en el mapa del turismo y la inversión internacional de una manera que antes no teníamos. Por eso los llamo Héroes de Panamá. Y lo digo con toda convicción.
El autor es promotor de proyectos. Además Octavio Vallarino Arias es Ingeniero, mecánico, graduado de Texas A&M University. Ingeniero consultor por 10 años en la industria de aire acondicionado y luego Dedicado a proyectos inmobiliarios desde 1980 con el inicio de su primer proyecto, Edificio Vallarino en el Área Bancaria. Socio de Desarrollo Bahia desde 1984, una de las principales empresas promotora de proyectos de bienes raíces en Panamá de condominios de lujo, edificios de oficinas y hoteles.
www.desarrollobahia.com
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