Alma Solis
asolis@noticiasdepanama.com
Panamá cuenta con 24 zonas francas, donde operan 396 empresas que generan 37,569 empleos directos y US$143 millones en exportaciones, de acuerdo con un estudio de EY sobre el papel de estos regímenes en América Latina. El informe estima además que las zonas francas representan el 14.8% de las exportaciones del país.
El estudio destaca que Centroamérica, Panamá y República Dominicana concentran 633 de las 818 zonas francas existentes en América Latina, equivalentes al 77% del total regional. En conjunto, estos regímenes albergan más de 10,000 empresas, generan exportaciones superiores a US$60,000 millones y sostienen más de 3.2 millones de empleos directos e indirectos.
En el caso de Panamá, EY señala que las zonas francas operan principalmente como plataformas para logística, almacenamiento, distribución internacional y servicios, apoyadas en la conectividad multimodal del país y su papel como puente entre mercados.
“Las zonas francas transforman la geografía económica de la región, conectando países con cadenas de valor más profundas y resilientes”, afirmó Antonio Ruiz, socio líder de EY Tax & Law para Centroamérica, Panamá y República Dominicana.

El informe plantea que el valor de las zonas francas ya no depende únicamente de los incentivos fiscales, sino también de su capacidad para ofrecer eficiencia logística, acceso a talento especializado, estabilidad operativa e integración con cadenas globales de suministro.
“Las zonas francas impulsan estructuras empresariales más flexibles, facilitando la integración con cadenas globales y la adopción de nuevas tecnologías”, señaló Alejandra Arguedas, directora ejecutiva de Impuestos de EY.
A nivel regional, Costa Rica sobresale porque hasta el 60% de sus exportaciones provienen de zonas francas vinculadas a sectores como dispositivos médicos, manufactura avanzada, electrónica y servicios globales. República Dominicana destaca por la escala de su régimen, que puede generar hasta siete veces el valor de los incentivos fiscales otorgados.
El Salvador mantiene una fuerte base manufacturera vinculada a textiles y confección, mientras Guatemala aparece como un mercado con potencial para integrarse a nuevas cadenas regionales de valor. El estudio concluye que los países de la región compiten con capacidades distintas, desde logística y distribución hasta manufactura de mayor valor agregado.







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