Panamá en el espejo de Wharton: fiscalidad de clase mundial, talento de última fila
La universidad de Pensilvania elabora este Ranking internacional que mide la percepción sobre los países en áreas como calidad de vida, negocios, influencia y cultura, a partir de encuestas internacionales.
El nuevo Best Countries Index 2026, elaborado por la Wharton School de la
Demóstenes Perez
Universidad de Pensilvania junto con WPP y su herramienta de análisis de marca BAV, ubicó a Panamá en la posición 54 de 85 países evaluados. A primera vista, es un dato más entre decenas de rankings internacionales que reciben una mención de un día y luego se olvidan. Pero si uno se detiene en el desglose por categorías, aparece una tensión que sí merece la atención de quienes tomamos decisiones de inversión, política pública y desarrollo de talento en este país.
Panamá ocupa el puesto número 3 del mundo en entorno fiscal favorable. Tercero, entre 85 economías que representan el 93% del PIB mundial y el 78% de la población del planeta. Es una posición que cualquier país aspiraría a tener y que, en efecto, ha sido durante décadas uno de los pilares de nuestra propuesta de valor como plataforma logística y de servicios para el comercio internacional.
El mismo reporte, sin embargo, ubica a Panamá en el puesto 82 en fuerza laboral calificada y en el puesto 84 en desarrollo del sistema de salud pública. Ambos, prácticamente al final de la tabla, entre las 85 naciones evaluadas.
Antes de sacar conclusiones apresuradas, vale una aclaración metodológica que no siempre se menciona cuando estos rankings circulan en redes sociales. El Best Countries Index no mide directamente infraestructura hospitalaria ni currículo educativo. Mide la percepción: cómo asocian 15,131 personas encuestadas en 33 países un conjunto de 73 atributos con cada una de las 85 naciones evaluadas. No es, por tanto, un sustituto de mediciones técnicas como el Global Competitiveness Report del Foro Económico Mundial. Es la marca país vista desde afuera. Y esa distinción, lejos de restarle valor al hallazgo, lo hace más inquietante: si incluso la percepción externa de Panamá en salud y talento es tan débil, la brecha real que debemos cerrar podría ser aún mayor que la que refleja el número.
Llevo treinta años trabajando en logística en la Zona Libre de Colón, y esta tensión entre fiscalidad competitiva y talento escaso no es una abstracción académica. La vivo en cada proceso de contratación. Podemos ofrecerle a un cliente internacional uno de los regímenes fiscales más atractivos del hemisferio. Lo que nos cuesta ofrecer, de forma consistente, es una base suficientemente profunda de talento técnico especializado: automatización de almacenes, integración de sistemas, certificaciones de calidad, cumplimiento aduanero avanzado. Ese talento existe en Panamá, pero es escaso, se forma lentamente y compite por él toda la región.
La posición geográfica y los incentivos fiscales nos trajeron hasta aquí. No serán suficientes para mantenernos como referencia logística de las Américas en una década donde la competencia regional ya no se define solo por costo, sino por complejidad operativa: quién puede ejecutar procesos de mayor valor agregado, con mayor precisión y menor margen de error.
Convertir a Panamá de un hub de tránsito tradicional a un ecosistema logístico de siguiente generación exige una decisión deliberada de inversión en tres frentes: educación técnica vocacional alineada con la demanda real de la industria, no solo con la oferta académica existente; infraestructura de salud pública que retenga a los trabajadores calificados en el país en lugar de perderlos a la emigración; y esquemas de colaboración público privada donde el sector empresarial participe activamente en el diseño de los programas de formación, no solo como receptor pasivo de graduados.
Ninguna de estas tres líneas de acción es nueva. Se han propuesto, en distintas formas, desde hace años. Lo que aporta este ranking es una fotografía externa, tomada por un tercero académico sin intereses locales, que confirma con datos concretos algo que quienes operamos en el terreno ya sabíamos: la ventana para actuar sobre el capital humano no está cerrada, pero tampoco permanecerá abierta indefinidamente mientras otros países de la región inviertan con más decisión en formar a su gente.
La pregunta que debería quedar sobre la mesa después de este reporte no es si Panamá sigue siendo fiscalmente competitiva. Ya lo sabemos, y lo confirma Wharton en el tercer lugar del mundo. La pregunta es qué estamos dispuestos a invertir, hoy, para que esa competitividad fiscal no se quede sin la fuerza de trabajo capaz de sostenerla en los próximos veinte años.
El autor es un reconocido experto internacional en la administración de las cadenas de suministro.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad única del autor. No pueden ser consideradas como una posición de este medio.
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