Alma Solís
asoli@noticiasdepanama.com
Para muchos, el día empieza con el primer sorbo de café. El sonido del molino, el vapor de la máquina y el aroma que sale de la taza anuncian que la mañana está en marcha. Ese ritual cotidiano se repite en cocinas y cafeterías de todo el mundo: alrededor de 3,000 millones de tazas se beben cada día, según una estimación recogida por la Organización Internacional del Café en un informe publicado en noviembre de 2024.
En los pasillos del Panama Convention Center, ese ritual se multiplicaba en distintas formas durante World of Coffee Panamá, donde el café se bebía, se comía, se compraba y se negociaba. También se llevaba como recuerdo.
A un lado, dos personas compartían un geisha. Más adelante, un grupo rodeaba una preparación de café, atento a lo que ocurría al otro lado del mostrador. Unos pasos después aparecía un helado, un dulce o un cóctel preparado con la misma bebida que suele acompañar el desayuno, esta vez en manos de profesionales que exploraban otras formas de servirla.

Entre estands de colores neutros y otros de rosados llamativos, bolsas de granos, equipos y souvenirs, el recorrido cambiaba de aspecto sin cambiar de protagonista.
Había productores, compradores, exportadores, tostadores y proveedores de los suministros que necesita una cafetería. Estaban las cafeterías y también las familias que, desde sus fincas, han construido buena parte del prestigio del café panameño..
Por primera vez, World of Coffee se celebraba en América Latina, y Panamá había sido escogido como anfitrión. Era también la primera edición de esta feria en un país productor: una oportunidad para que compradores, tostadores y baristas se acercaran al origen del café y a quienes lo cultivan.
El país que había llevado sus granos a las mesas de degustación y a las subastas internacionales recibía ahora a la industria en casa. Su lugar en el café de especialidad se podía reconocer tanto en los precios de sus mejores lotes como en el interés por probarlos y conocer a sus productores.
World of Coffee Panama 2026 reunió, según sus organizadores, a más de 300 expositores de 35 países y cafés de más de 17 orígenes. La expectativa era recibir a más de 13,000 visitantes. La presencia de más de 90 productores panameños permitía acercarse a la diversidad de una oferta que ha encontrado en la calidad su principal carta de presentación.

Las cifras ayudaban a explicar la dimensión del encuentro. Caminarlo permitía ver sus detalles.
Alrededor de las degustaciones se formaban pequeños grupos. Había interés por probar, por acercarse a una preparación y, especialmente, por descubrir qué podía ofrecer un sorbo de geisha, la variedad que ha contribuido a que el nombre de Panamá circule entre los compradores de cafés más valorados del mundo.
Su fama tiene una expresión sensorial. World Coffee Research describe el geisha panameño por sus delicados aromas florales, de jazmín y de melocotón. Hacienda La Esmeralda también destaca ese carácter perfumado y sus notas de frutas de hueso. El perfil cambia según el lote, el procesamiento y la preparación: el nombre de la variedad no convierte todas las tazas en una experiencia idéntica.
Esas referencias a flores y frutas son una manera de describir lo que el café puede expresar. Ayudan a entender por qué, frente a una taza pequeña, hay personas dispuestas a detenerse, prestar atención y probar de nuevo.
También ayudan a comprender un mercado en el que Panamá ha aprendido a competir por el valor de cada grano.
Llegar allí tomó décadas. En su discurso de apertura, Ricardo Koyner, presidente de la Asociación Panameña de Cafés Especiales (SCAP), recordó las conversaciones entre siete productores que, en medio de los bajos precios de los años noventa, entendieron que Panamá no podía competir en volumen con los grandes países cafeteros. Tenían que lograr que el mundo conociera su calidad.

Eran Price Peterson, de Hacienda La Esmeralda; Wilford Lamastus padre, de Lamastus Family Estates; Tony Vázquez; Jaime Tedman; Hans Collins; Marcos Moreno, y el propio Koyner.
Tenían distintas fincas, marcas e intereses. Detrás estaban sus familias, los trabajadores que conocían cada parcela y comunidades que dependían de la cosecha de cada año. Antes de competir por vender sus cafés, necesitaban construir un nombre que les abriera puertas a todos.
“Primero había que posicionar al país”, recordó Koyner.
De aquella decisión nació la asociación. Compartieron conocimientos, aprendieron a catar, buscaron compradores y salieron a mostrar sus cafés fuera de Panamá. El Best of Panama y la incorporación de las subastas electrónicas permitieron evaluar los lotes y comprobar cuánto estaban dispuestos a pagar los compradores por esa calidad.
La evolución de los precios cuenta parte de esa transformación.

En 2004, Hacienda La Esmeralda presentó un geisha que sorprendió por sus aromas florales y su perfil de taza. Alcanzó US$21 por libra en la subasta. En 2007, el precio llegó a US$130 por libra, recordó Koyner.
“Eso nos parecía increíble”, dijo.
El geisha había abierto una puerta. Mantenerla abierta, explicó, exigió el esfuerzo de muchos productores: prestar más atención a la altura, al manejo de cada lote, al momento de la cosecha y al cuidado posterior. También investigar y experimentar con procesos que ampliaran las posibilidades del café panameño.
En agosto de 2025, un lote de geisha lavado de Hacienda La Esmeralda alcanzó US$30,204 por kilogramo en la subasta del Best of Panama. Los 20 kilos se vendieron por US$604,080 a Julith Coffee, de Dubái.

Son cifras excepcionales que, como advirtió Koyner, no representan el precio de toda la producción. Sí muestran hasta dónde puede llegar el reconocimiento a la calidad.
Libra por libra, como se diría en el boxeo, el café panameño se ha ganado un lugar entre los grandes.
“Hace 30 años salimos a buscar al mundo para que conociera nuestro café. Hoy el mundo ha llegado a nuestra casa”, dijo Koyner.
Desde los pasillos, aquella frase encontraba una expresión concreta: distintos países, idiomas y negocios reunidos alrededor del producto que esas familias habían salido a presentar.
El encuentro también dejaba una tarea hacia adelante: convertir esas conversaciones en oportunidades para los productores. Aurelio Barría Pino, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), lo planteó durante la apertura: “El verdadero éxito de este encuentro comienza ahora con cada negocio que se concrete, cada relación comercial que nazca y cada productor local que encuentre una oportunidad de expansión internacional”.
El financiamiento igualmente es clave, el Banco Nacional de Panamá estuvo presente con un equipo que se acercó a los productores para escuchar sus historias, conocer sus proyectos y explorar oportunidades de acompañamiento para su crecimiento
En otra parte del recinto, el café se vivía con la emoción de una competencia deportiva.

Sentarse un rato en las gradas del World Barista Championship era entrar en otro ritmo. La atención se concentraba en el escenario y en los profesionales que competían por el título mundial. El público acompañaba, aplaudía y vitoreaba. Las banderas permitían reconocer algunas de las delegaciones: Australia, Bolivia, Canadá.
El representante panameño tenía un respaldo especial, como correspondía al anfitrión. Pero el entusiasmo viajaba también con quienes habían llegado para apoyar a sus propios competidores. Entre las gradas y el escenario, preparar café se convertía en un acontecimiento capaz de llenar el recinto y mantener al público pendiente.
Según los organizadores, el campeonato reunió a campeones nacionales de más de 60 países. También era la primera vez que esta competencia se celebraba en América Latina.
A unos pasos de esa celebración estaba la otra dimensión de la industria: la investigación, la genética, el procesamiento, los mercados y las preguntas sobre su futuro. La programación incluía espacios dedicados a esos asuntos, entre ellos el Simposio Geisha, celebrado el viernes 23.
La altura, los microclimas y las decisiones de quienes cultivan y procesan el grano forman parte de lo que termina en una taza. También explican por qué el clima y las condiciones de producción ocupan un lugar en las conversaciones sobre el café que se beberá mañana.

El alcance de ese futuro es enorme. El informe de mercado de septiembre de 2026 de la Organización Internacional del Café estima el consumo mundial del año cafetero 2025–2026 en 180.6 millones de sacos de 60 kilos. Detrás de la familiaridad de la bebida hay un mercado que atraviesa continentes.
En el recinto panameño, esa dimensión mundial se podía recorrer a pie. Pasar de una conversación entre productores y compradores a una degustación; de un helado a una máquina; de los vítores de las gradas a otra taza de geisha.
La misma bebida con la que tantos intentan despertarse por la mañana alcanzaba para reunir, durante unos días, a buena parte de quienes hacen posible ese primer sorbo.





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