Octavio Vallarino Arias

Cada cierto tiempo el debate público panameño vuelve al mismo lugar: «el problema del país es la mala distribución de la riqueza». Se repite en tertulias, en columnas de opinión, en discursos de campaña. Suena justo. Suena urgente. Y sin embargo, casi nadie que lo dice se detiene a explicar qué significaría, en la práctica, distribuir la riqueza. ¿Repartir las fortunas? ¿Cómo, exactamente, y con qué resultado?
¿Qué Significa Realmente «Distribuir la Riqueza»?Aquí está la confusión de fondo. Hay dos cosas completamente distintas que se mezclan bajo la misma frase. La primera es la distribución de bienes y servicios básicos: educación, salud, agua potable, seguridad, infraestructura. Eso sí es responsabilidad del Estado, se financia con impuestos, y determina si un país realmente da oportunidades a todos sus ciudadanos, ricos y pobres por igual. En eso Panamá tiene tareas pendientes, como cualquier país en desarrollo, y nadie serio lo discute.
La segunda es otra cosa: la idea de que la riqueza —el capital, las empresas, las fortunas privadas— debería repartirse directamente entre la población para «corregir» la desigualdad. Y aquí es donde la propuesta se derrumba, porque nadie ha explicado nunca cómo funcionaría eso sin destruir exactamente lo que se quiere salvar.
Imaginemos, solo por un momento, que el gobierno panameño confiscara mañana toda la riqueza de sus ciudadanos más pudientes y la repartiera en partes iguales entre toda la población. Hay un dicho que resume con precisión lo que pasaría: en diez años, los pobres volverían a ser pobres y los ricos volverían a ser ricos.
El dinero repartido sin las capacidades, los hábitos de inversión, el conocimiento del riesgo y la disciplina que permitieron generarlo la primera vez, tiende a consumirse, no a multiplicarse. Mientras tanto, quien perdió su capital si conserva el conocimiento, las relaciones comerciales y la visión que lo construyeron y vuelve a levantar la empresa. La riqueza no está, principalmente, en el dinero.
Entonces, ¿cómo se distribuye realmente la riqueza en una economía sana? No con decretos que la repartan, sino con empleo que la difunda. Cuando una empresa privada crece, no acumula su ganancia en una bóveda: contrata gente, paga salarios, compra insumos a proveedores locales, invierte en infraestructura y genera una cadena de valor que alcanza a miles de familias que nunca fueron dueñas de esa empresa.
Copa Airlines es el ejemplo panameño más claro. La aerolínea emplea directamente a más de 10,000 personas, y a través de proveedores, servicios en tierra, turismo y comercio conectado al Hub de las Américas, su huella económica llega a decenas de miles más. Ninguna de esas familias recibió un cheque de «redistribución». Recibieron algo más duradero: un salario, una carrera, la posibilidad real de salir de la pobreza y entrar a la clase media. Eso es distribución de riqueza en la práctica —no la que se decreta, sino la que se genera trabajando.
El Banco Mundial estima que la clase media panameña representa aproximadamente el 59.9% de la población, lo que ubica a Panamá como el tercer país con la clase media más amplia de toda Latinoamérica, solo detrás de Uruguay y Chile. Ese dato no encaja con el relato de un país «mal distribuido». Encaja con el de una economía que, con empresas privadas generando empleo formal durante décadas, ha logrado mover a millones de personas de la pobreza hacia la clase media.
El problema no es la desigualdad, es la pobreza. Y es aquí la distinción que cambia todo el debate. La desigualdad mide la distancia entre el que más tiene y el que menos tiene. La pobreza mide si una persona tiene lo suficiente para vivir con dignidad..
El verdadero desafío de Panamá y de América Latina no es que existan ricos. Es que sigan existiendo pobres. Y la pobreza no se erradica repartiendo fortunas; se erradica con inversión privada que genere empleo formal, con seguridad jurídica que atraiga esa inversión, y con educación técnica que prepare a la fuerza laboral para ocupar esos puestos. Cuando los que tienen capital invierten y contratan, los pobres de hoy tienen una vía real para ser la clase media de mañana.
No hay riqueza que repartir sin antes crearla.Y la única distribución que perdura es la que da trabajo, no la que da limosna.
El autor es promotor de proyectos. Además Octavio Vallarino Arias es Ingeniero, mecánico, graduado de Texas A&M University. Ingeniero consultor por 10 años en la industria de aire acondicionado y luego Dedicado a proyectos inmobiliarios desde 1980 con el inicio de su primer proyecto, Edificio Vallarino en el Área Bancaria. Socio de Desarrollo Bahia desde 1984, una de las principales empresas promotora de proyectos de bienes raíces en Panamá de condominios de lujo, edificios de oficinas y hoteles.
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